Todo comienza con una voz

Chile habla todos los días.
Habla en las calles, en las lanchas, en las ferias libres. Habla en el ruido del metro, en los pasillos de los consultorios, en las conversaciones de WhatsApp a las once de la noche. Habla con rabia a veces, con esperanza otras. A veces en silencio. A veces sin que nadie escuche.

Yo quiero escuchar ese Chile. No desde lejos. No desde arriba. Sino desde cerca, en el lugar donde las palabras todavía tienen sentido y se habla con la verdad y la fuerza del día a día.

Son tiempos extraños, confusos, complejos. Por eso, antes de liderar con lo que yo quiero hacer, quiero saber qué sueñas tú, qué te duele, qué te interesa, qué te molesta. Porque no hay liderazgo que valga si no parte por abrir los oídos y el corazón. Eso me enseñaron mis padres, José y Moy. Así lo vivo también con mis hijos, Emilio y Matilde, que me han enseñado nuevas formas de escuchar. Así he enfrentado cada desafío político desde la dictadura hasta el Ministerio del Interior: entendiendo que las decisiones grandes se toman entre muchos, con acuerdos, con compromisos, escuchando para avanzar.

Vamos a salir a buscar esas voces. Vamos a escuchar al repartidor que cruza la ciudad en moto bajo la lluvia, a la astrónoma que trabaja en los cerros del norte, a la mujer que lidera un emprendimiento turístico en Chiloé, a la joven que programa desde su casa en La Pintana, al vendedor de un almacén en una población de Antofagasta, a un grupo de amigos en el bar. Voces de siempre, voces distintas, voces nuevas, que ya están cambiando Chile, aunque a veces nadie las escuche. Y todo eso que recojamos no quedará en el aire. Será parte de lo que construiremos juntos. Parte del programa. Parte de la propuesta. Parte de la esperanza.

Porque la política que quiero hacer no se dicta: se teje. Con muchas manos. Con muchas historias.

Te invito a sumarte. A contarnos lo que ves, lo que piensas, lo que necesitas. Y también a encontrarnos, cara a cara, en tu región, en tu comuna. Allí donde estés.

Nuestro esfuerzo empieza con una pregunta: ¿Qué país soñamos, si lo soñamos juntos?

Los escucho,
Carolina